Melancholy

                El viento ondeaba entre aquellos cabellos que brillaban con el rayo del atardecer. Mitad castaño, mitad rubio. Contrastaba perfecto con su piel blanca inmaculada como la porcelana de las estatuas más atesoradas de la historia. Y aquellos ojos color café… Podría perderme una vida entera en ellos si no era lo suficientemente cuidadoso.

—Hey, Jasp. ¿Puedes dejar de ver raro a Lizzie por un momento y me pasas una cerveza? —dijo Gabriel mientras reía en complicidad con Bella—. Escucharlo me devolvió a la realidad de inmediato. Genial, lo había hecho otra vez. —Vamos, hombre. Te han estado rechazando desde 2do grado ¿no es momento para claudicar? —Continuó intentando molestarme; Lizzie reía a la par que se sonrojaba. —Ya que lo dices… —Contesté, mientras abría la lata y dejaba caer algo de su contenido sobre la flannel shirt de Gabriel. Algo que no pareció agradarle mucho pero nos dejaba a mano—. Éramos un grupo de misfits de apenas 21, escapados de casa buscando aventura.

 Eran cerca de las 9:00, cuando llegamos al parque. Gabriel estacionó sobre el puesto para minusválidos. ¿A quién le importaba? Igualmente el parque estaba cerrado a esa hora. Chris y yo nos encargamos de bajar la cava de cervezas mientras que las chicas bajaban las bolsas de dormir y Gabriel intentaba ponerle la capota a aquel Buick Riviera que había tomado prestado de sus padres. Nos instalamos en medio de la grama del lugar.

—Okay, ¿quién fue el de la brillante idea de traer 4 bolsas para dormir cuando somos 5 personas? —Dijo Chris en tono de reproche mientras nos veía a todos. Mi padre sólo tenía 4 bolsas, sólo somos 4 en casa. —Dijo Bella tímidamente—. Tranquila, babe. No puedo enojarme contigo. —Respondió Chris guiñándole el ojo. Hablando de ser rechazado constantemente… —murmuró Gabriel—. Pero pude oírlo completamente. Tuve que contener mi risa.

—Bueno. Éste es el plan. —Le oí decir a Gabriel—. ¿El que se emborrache primero duerme en el suelo? —continué—. Ese es un buen plan pero no. Tengo uno mejor. Los que saquen las varillas más cortas duermen juntos —dijo mientras nos mostraba 5 varillas que en apariencia todas eran iguales en longitud. Ahora lo que falta es que me toque dormir con Chris que se pedorrea como un cerdo. Dije para mis adentros. Aunque no me molestaría dormir con Bella o incluso Gabriel.

Cada uno tomó una de las varillas y luego comenzamos a medirlas. La más larga era la de Gabriel, naturalmente. Ya lo tenía todo planeado. Siempre jugando a un paso delante de todos. Seguía la de Bella. Ella también tendría su propia bolsa de dormir. Chris y Lizzie mostraron sus varillas y tan pronto las vi pude intuir el destino. ¿Qué estás esperando, Jasp? —preguntó Gabriel en tono ansioso—. Le di un sorbo gigante a mi cerveza y mostré mi varilla. Era la más corta, junto con la de Lizzie. Todos rieron y yo solamente quería esconder la cara para que Lizzie no me viera tan avergonzado.

—Está bien, Liz. Puedo dormir en las bancas de allá —dije mientras señalaba las bancas que se encontraban a unos cuantos metros—. No seas tonto, vente. No vas a dormir incómodo sólo porque tienes pena. Además no es como que fuera a suceder algo entre nosotros —cierto… pensé para mis adentros mientras lanzaba aquel pesado suspiro—.

 

Desconozco cuantas horas habían pasado pero parecía tarde. Nadie acostumbraba realmente a medir el tiempo, sólo a vivirlo. Era pleno 1986. Las cosas eran más simples. Chris de repente sacó un porro de hierba de uno de los bolsillos de su chaleco de jean, lo encendió y lo pasó para que cada uno le diera una calada. Así rodó hasta que lo acabamos y terminamos ebrios y drogados. Riéndonos de como Gabriel decía que podía sentir en sus venas las notas musicales de la guitarra que tocaba Bella en un tono totalmente atroz. Yo quería intentar mantener un poco de cordura así que no fumé mucho y me limité sólo a beber. Sin embargo estaba lo suficientemente high como para disfrutar de aquel momento que deseaba fuera eterno. Trataba de no pensar, de no parpadear, de hacer todo lo posible para ralentizar el paso del tiempo.

Sentí un par de suaves palmadas sobre mi hombro. Era Lizzie haciéndome señas de que camináramos un poco por el parque. Bueno, no es ni tan mala idea —pensé—. Después de todo eso ayudaría a bajar un poco las sensaciones. Si es que podía pararme del sitio en el que me encontraba sentado primero. Los chicos estaban tan idos que en ningún momento notaron nuestra ausencia.

—Pareces tener frío —dije. Lizzie se agarraba ambos brazos como dándose un abrazo a sí misma para intentar contener el calor. Inmediatamente puse sobre ella mi chaqueta de cuero. ¿Y tú? ¿No tienes frío? —Preguntó ella en un tono de genuina curiosidad—. Nah, amo el frío en cualquier caso —respondí encogiéndome de hombros. Caminamos en silencio por un par de minutos. Realmente no era incómodo. Por el contrario su compañía, incluso en total silencio era como tocar la cima del mundo para mí.

—Sabes. Realmente no eres un mal chico, Jasp —sus palabras rompieron aquel silencio y por alguna razón sentí que me cortaron como si fuesen cristales—. Es sólo que… —suspiró—. Olvídalo —dijo finalmente haciendo gestos de desentendimiento—. No pude evitar mirarla con desconcierto. Comencé a mi corazón latir tan rápido que parecía salirse de mi pecho y una extraña calidez llenaba mi cuerpo a pesar de que el roce del viento era helado. Estaba empezando a estar nervioso y ansioso por la situación. Quería que terminara aquella oración pero sabía que eventualmente obtendría la respuesta. Sólo que no era el momento ni el lugar.

Al llegar nuevamente al sitio del campamento ya todos se encontraban totalmente inconscientes sobres sus bolsas de dormir. Lizzie se encargó de acomodar a Bella en la suya para que el frío no la resfriara. En cuanto a los chicos… Ninguno reaccionaba y yo no pensaba moverlos para meterlos dentro de las bolsas. Lizzie tomó la única bolsa libre, la alejó un poco del grupo y tomó un sixer de la cava. ¿Vienes? —me preguntó—. Trae los cigarrillos y el encendedor. Gabriel lo guarda en el bolsillo de la flannel —continuó—.

—No creo que lleguemos mañana a clases en éste estado —dije mientras veía a los chicos totalmente destruidos—. ¿Ves? Eso es a lo que me refiero —dijo ella mientras me acercaba una cerveza—. Se llevó un cigarrillo a la boca, hizo señas de que se lo encendiera y le dio un par de caladas. No eres un mal chico, Jasp. De hecho eres el más cuerdo de los 5 y valoro eso porque si no todo sería un desastre. Eres como el padre —dijo mientras fijaba la mirada en aquel cigarrillo consumiéndose lentamente—. No tienes ni la menor idea de cuánto he cuestionado lo que pueda o no pueda sentir por ti. Lo cierto es que bajo ningún concepto quiero arruinar esto que tenemos. Amistad. —dijo finalmente—. Yo realmente no sabía qué decir, qué pensar ni qué sentir. Todo dentro de mí era un torbellino de emociones y pensamientos. Dios mío. Lo que daría por besar aquellos labios empalidecidos por el frio de la noche y fundirme en el amor que sentía por aquella chica.

— ¿Quieres una cerveza? —pregunté—. ¿Estás tratando de emborracharme? —preguntó ella en tono juguetón—. ¿Esa es tu táctica? ¿No puedes besar a una chica sino está completamente ebria primero? Eres un caso perdido —dijo mientras me golpeaba con el codo—. ¿Me está retando, señorita? Podría besarte aquí y ahora si quisi… —ni siquiera termine de articular la oración cuando Lizzie se me abalanzó encima y me besó—. Pude sentir su lengua jugueteando con la mía, pude sentir los latidos de mi corazón en cada una de mis arterias, pude sentir como si el calor del sol me estuviese quemando por dentro mientras que mi mente quedaba totalmente en blanco. Instintivamente le rodeé la cintura con una de mis manos mientras que con la otra la tomaba de la nuca y la acercaba más a mí a la par que ella me abrazaba. Aquel toque de sus labios tan suaves, dulces y embriagantes como el más fino de los vinos me tenía completamente a sus pies. Aún hoy pienso que ha sido uno de los momentos en los que más vivo me he sentido.

            Ya en aquel momento no había palabras, no eran necesarias. Nuestros cuerpos hablaban por nosotros y podían decir mucho más de lo que pudiésemos pensar. El aroma de su perfume mientras besaba su cuello, la manera en que sus uñas rasguñaban ligeramente mis hombros tratando de aferrarse a mí, el lento y rítmico vaivén de sus caderas en compás con las mías, nuestros suspiros y gemidos en el oído del otro hasta finalizar viéndonos directamente a los ojos mientras nuestras manos se entrelazaban fuertemente en aquella explosión de placer y pasión juvenil. Y aquel peso gigantesco en el corazón… Aquel dolor que me dejaba arrodillado de brazos abiertos y pidiendo por más. Aquel amor gritándome que podía despedazarme totalmente mientras yo sólo rogaba que no se detuviera.

            — ¿En qué piensas? —Le oí preguntar mientras se acurrucaba en mi pecho huyendo del frío—. En nada —respondí rápidamente—. No me salgas con eso. Siempre estás pensando en algo —susurró en tono de reproche. ¿De verdad quieres saber? —dije—. Ella sólo asintió con la cabeza mientras cerraba sus ojos lentamente y sus dedos bailaban sobre mi barba haciendo pequeñas cosquillas. Bueno, sólo pensaba en que posiblemente esto sea sólo un sueño. En que posiblemente aún esté dormido sobre alguna banca completamente drogado y ebrio como los chicos. Pero que definitivamente te voy a extrañar cuando todo termine —dije mientras suspiraba—. Te conozco, Liz. Mañana volveremos a nuestras vidas. Como si nunca pasó nada. Al menos tú lo harás —finalicé—.

            —Puedes estar tranquilo que el siguiente paso será el matrimonio —dijo riendo juguetonamente mientras me daba un último beso—. Ahora durmamos algo.

            Desconozco cuanto tiempo estuve simplemente acariciando sus cabellos mientras veía las estrellas y me perdía en mis pensamientos. Quería un cigarrillo pero el moverme la despertaría y no quería arruinar aquel momento. Finalmente el sueño me venció y lo último que hice fue besar su frente hasta caer profundamente dormido…

    Is this forever or is this goodbye?

            ¿Saben? A veces lo mejor es dejar de pensar en cómo las cosas terminarán desarrollándose y solamente vivir el presente. Aprender a dejarse caer en ese vacío sin red de seguridad, dar ese salto de fe. We can always learn a thing or two from breaking our own hearts. Y con Liz era algo que estaba dispuesto a hacer sin duda alguna. ¿Qué era lo peor que podía suceder?

 

 

    Generalmente no hago esto con mis relatos puesto que me gusta guardar mis musas en secreto. Algunas ya saben cuáles relatos les pertenecen, otras jamás lo harán pero en éste caso me gustaría decir que la inspiración para Lizzie es una de las más reales. No revelaré nombre pero indeed podría decir que fue mi primer crush en la vida. O al menos el que recuerdo con más claridad. I hope she's doing fine y que alcance todas las metas que se proponga donde quiera que esté. She had set the blueprint for my taste in women y aún después de casi 20 años puedo decir que sigo mirándola con admiración. Si me conoces realmente quizá sabes quién es but shhh... Don't tell her.

Comentarios

Entradas populares