Mira el arcoiris
-La tarde está fría, me gusta.
Recién iba saliendo del trabajo, me disponía a regresar a casa pero antes debía pasar a comprar unas cosas en la tienda de abarrotes. Después de todo, estaba hambriento y en la casa no había nada, sólo un paquete de galletas a medio comer y un poco de jugo de naranja en la nevera, nada con qué pasar la noche larga pero placentera que me esperaba. Encendí el auto (un viejo pero bien cuidado Mercedes Benz 300SD 1980) y me dispuse a iniciar mi camino de vuelta a la comodidad de mi hogar. Me detuve en una gasolinera a un lado de la autopista en la que se encontraba una pequeña tienda de snacks, allí compraría lo necesario para la noche... Apenas entrar lo primero que noté fue al dependiente sentado viendo porno en la computadora, ni siquiera notó cuando ingresé y no me molesté en distraerlo de su "importante" trabajo; Me dirigí al pasillo donde se encontraban las neveras con las bebidas y agarré 4 cervezas, un jugo de naranja y un yogurt de fresa, supuse que sería más que suficiente, los deposité en la cesta y caminé hasta el estante donde estaban las galletas y demás dulces. Una vez allí decidí llevar unos cuantos paquetes de Oreos, uno de unos panquecitos y una barra energética que destapé allí mismo para calmar un poco el hambre que tenía. Caminando hasta la caja pasé a un lado de un pequeño y oxidado estante que me pareció un poco extraño, en él se encontraban unos equipos de cirugías de la época de los 40', estuve un buen tiempo revisando todo lo que en ese estante se encontraba y habían cosas muy geniales... Una especie de trampa de oso que se utilizaba para mantener abiertas las heridas del paciente mientras se operaba, unas viejas y largas pinzas, una variedad de agujas oxidadas y lo que fue amor a primera vista, un escalpelo reluciente, cómo si estuviera totalmente nuevo. Lo sostuve en mis manos un buen tiempo, observando mi refleso en él, acariciando su filo hasta que ví un hilo de sangre en mi dedo y me encontré sonriéndo de manera psicótica mientras lo sostenía.
El dependiente de la tienda notó mi presencia y me preguntó si iba a cancelar todo lo que llevaba en la cesta, lo noté un poco desesperado por volver a su labor inicial y no lo culpo, yo estaría igual. Le dije que sí y me dirigí hasta la caja, una vez allí le pregunté sobre el estante y me dijo que era sólo chatarra del dueño de la tienda y que este se disponía a llevar al basurero que si quería podía llevármela y así le ahorraba el trabajo a lo que encantado respondí que sí.
Empaqué todas las cosas en la maletera del auto junto con los "cachibaches" que había obtenido, me subí, encendí al auto y emprendí mi viaje a casa escuchando un poco de música electrónica mientras conducía de regreso, notaba cómo el cielo estaba nublado y totalmente gris pero sin peligro de que fuera a llover, eran al rededor de las 5:50 o 6 pm cuando llegué hasta la puerta de mi casa. Apenas abrir la puerta pude notar el aire espeso y mohoso que provenía de adentro, un deleite para mi. La casa era una vieja casa del siglo pasado sin muchas remodelaciones porque quería que luciera exactamente de la época, el piso rechinaba con cada paso y las ventanas las mantenía cerradas porque no soy de los que disfrute mucho de tenerlas abiertas. Bajé las cosas del auto, las ordené en sus sitios correspondientes y en cuanto al estante con los implementos quirúrgicos los dejé a un lado de la puerta del sótano porque para ser honesto tenía mucha pereza de llevarlos hasta abajo y el hambre me estaba carcomiendo.
Me dirijí hasta la cocina, agarré el paquete de panquecitos, el envase de Yogurt y me senté en la comodidad del sofá de la sala que da justo a un ventanal a comer mientras veía cómo caía la noche sobre la ciudad. No sé cómo ni cuando pero me quedé dormido con el paquete de panqués a medio comer y el Yogurt a medio beber, supongo que estaba cansado del día largo que tuve. Me desperté de golpe por un fuerte ruido, miré el reloj, eran exactamente las 9:10 pm. Escuché nuevamente el ruido, era cómo si dejaras caer una caja de herramientas y estas se regaran por el piso y provenía del sótano. Coloqué cara de poca paciencia, tomé un respiro y me dispuse a bajar.
Abrí lentamente la puerta y bajé cada escalón con cuidado de que no rechinara, con mi corazón latiendo a mil por hora, con sólo el escalpelo reluciente en mi mano y una vez estuve abajo me llevé un gran susto al ver que el muy desgraciado que me tiene harto y al cuál tenía atado a una camilla de psiquiátrico tenía una de sus manos sueltas, desconozco cómo se soltó y supongo que en la batalla por encontrar algo con qué romper las correas tumbó mi mesa quirúrgica con todas mis herramientas.
-"Te encanta hacer las cosas difíciles no?"
Me acerqué, le apreté las correas, le volví a amarrar la mano y esta vez con un nudo fuerte y que casi le tranca la circulación para que no volviera a soltarse. Lo miré a los ojos, noté su terror al ver mi cara de indiferencia y notar mi respiración justo en su rostro y le dije textualmente:
-"Debiste haber supuesto que sucedería si me jodes la maldita paciencia que NO tengo, así que ahora te la calas, pedazo de mierda. Ah y no te preocupes que de esta sales vivo..."
Me dirigí hasta la puerta, ingresé los implementos que había obtenido esa tarde dentro de la habitación, cerré la puerta lentamente para que el sonido rechinante que hacía esta lo volviera loco, recogí cada cosa que había tirado en su intento de escapar, preparé todo, coloqué música, una sonrisa se dibujó en mi rostro y no pude evitar las ganas de reir.
*Continuará*
Recién iba saliendo del trabajo, me disponía a regresar a casa pero antes debía pasar a comprar unas cosas en la tienda de abarrotes. Después de todo, estaba hambriento y en la casa no había nada, sólo un paquete de galletas a medio comer y un poco de jugo de naranja en la nevera, nada con qué pasar la noche larga pero placentera que me esperaba. Encendí el auto (un viejo pero bien cuidado Mercedes Benz 300SD 1980) y me dispuse a iniciar mi camino de vuelta a la comodidad de mi hogar. Me detuve en una gasolinera a un lado de la autopista en la que se encontraba una pequeña tienda de snacks, allí compraría lo necesario para la noche... Apenas entrar lo primero que noté fue al dependiente sentado viendo porno en la computadora, ni siquiera notó cuando ingresé y no me molesté en distraerlo de su "importante" trabajo; Me dirigí al pasillo donde se encontraban las neveras con las bebidas y agarré 4 cervezas, un jugo de naranja y un yogurt de fresa, supuse que sería más que suficiente, los deposité en la cesta y caminé hasta el estante donde estaban las galletas y demás dulces. Una vez allí decidí llevar unos cuantos paquetes de Oreos, uno de unos panquecitos y una barra energética que destapé allí mismo para calmar un poco el hambre que tenía. Caminando hasta la caja pasé a un lado de un pequeño y oxidado estante que me pareció un poco extraño, en él se encontraban unos equipos de cirugías de la época de los 40', estuve un buen tiempo revisando todo lo que en ese estante se encontraba y habían cosas muy geniales... Una especie de trampa de oso que se utilizaba para mantener abiertas las heridas del paciente mientras se operaba, unas viejas y largas pinzas, una variedad de agujas oxidadas y lo que fue amor a primera vista, un escalpelo reluciente, cómo si estuviera totalmente nuevo. Lo sostuve en mis manos un buen tiempo, observando mi refleso en él, acariciando su filo hasta que ví un hilo de sangre en mi dedo y me encontré sonriéndo de manera psicótica mientras lo sostenía.
El dependiente de la tienda notó mi presencia y me preguntó si iba a cancelar todo lo que llevaba en la cesta, lo noté un poco desesperado por volver a su labor inicial y no lo culpo, yo estaría igual. Le dije que sí y me dirigí hasta la caja, una vez allí le pregunté sobre el estante y me dijo que era sólo chatarra del dueño de la tienda y que este se disponía a llevar al basurero que si quería podía llevármela y así le ahorraba el trabajo a lo que encantado respondí que sí.
Empaqué todas las cosas en la maletera del auto junto con los "cachibaches" que había obtenido, me subí, encendí al auto y emprendí mi viaje a casa escuchando un poco de música electrónica mientras conducía de regreso, notaba cómo el cielo estaba nublado y totalmente gris pero sin peligro de que fuera a llover, eran al rededor de las 5:50 o 6 pm cuando llegué hasta la puerta de mi casa. Apenas abrir la puerta pude notar el aire espeso y mohoso que provenía de adentro, un deleite para mi. La casa era una vieja casa del siglo pasado sin muchas remodelaciones porque quería que luciera exactamente de la época, el piso rechinaba con cada paso y las ventanas las mantenía cerradas porque no soy de los que disfrute mucho de tenerlas abiertas. Bajé las cosas del auto, las ordené en sus sitios correspondientes y en cuanto al estante con los implementos quirúrgicos los dejé a un lado de la puerta del sótano porque para ser honesto tenía mucha pereza de llevarlos hasta abajo y el hambre me estaba carcomiendo.
Me dirijí hasta la cocina, agarré el paquete de panquecitos, el envase de Yogurt y me senté en la comodidad del sofá de la sala que da justo a un ventanal a comer mientras veía cómo caía la noche sobre la ciudad. No sé cómo ni cuando pero me quedé dormido con el paquete de panqués a medio comer y el Yogurt a medio beber, supongo que estaba cansado del día largo que tuve. Me desperté de golpe por un fuerte ruido, miré el reloj, eran exactamente las 9:10 pm. Escuché nuevamente el ruido, era cómo si dejaras caer una caja de herramientas y estas se regaran por el piso y provenía del sótano. Coloqué cara de poca paciencia, tomé un respiro y me dispuse a bajar.
Abrí lentamente la puerta y bajé cada escalón con cuidado de que no rechinara, con mi corazón latiendo a mil por hora, con sólo el escalpelo reluciente en mi mano y una vez estuve abajo me llevé un gran susto al ver que el muy desgraciado que me tiene harto y al cuál tenía atado a una camilla de psiquiátrico tenía una de sus manos sueltas, desconozco cómo se soltó y supongo que en la batalla por encontrar algo con qué romper las correas tumbó mi mesa quirúrgica con todas mis herramientas.
-"Te encanta hacer las cosas difíciles no?"
Me acerqué, le apreté las correas, le volví a amarrar la mano y esta vez con un nudo fuerte y que casi le tranca la circulación para que no volviera a soltarse. Lo miré a los ojos, noté su terror al ver mi cara de indiferencia y notar mi respiración justo en su rostro y le dije textualmente:
-"Debiste haber supuesto que sucedería si me jodes la maldita paciencia que NO tengo, así que ahora te la calas, pedazo de mierda. Ah y no te preocupes que de esta sales vivo..."
Me dirigí hasta la puerta, ingresé los implementos que había obtenido esa tarde dentro de la habitación, cerré la puerta lentamente para que el sonido rechinante que hacía esta lo volviera loco, recogí cada cosa que había tirado en su intento de escapar, preparé todo, coloqué música, una sonrisa se dibujó en mi rostro y no pude evitar las ganas de reir.
*Continuará*
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